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El RasenBallsport

Leipzig es la ciudad más grande del Estado de Sajonia en Alemania. Fue lugar del sorteo de la Copa del Mundo del 2006, como también única sede de la antigua Alemania Oriental en organizar el Mundial de hace 10 años.

Su lazo con el fútbol es fuerte ya que la Asociación Alemana de Fútbol (DFB) fue fundada en 1900 en esta ciudad. No obstante, por otros motivos, Leipzig ha emergido como punto de debate en la Bundesliga en los últimos años.

Cuando Dietrich Mateschitz, dueño de Red Bull, decidió adquirir la licencia del modesto SSV Markranstadt –equipo de la quinta división en Alemania- en el 2009, sabía que el proyecto iba a tener turbulencias al tratarse de ese país que tiene regulaciones donde el dinero –aparentemente- no lo es todo. Lo sufrió durante tres años cuando intentó comprar equipos tan variados como el Munich 1860 o el mismo St Pauli, equipo de culto muy alejado de los principios del capitalismo. Llegó a Leipzig y consiguió su propósito. Se propuso llegar a la primera división, la prestigiosa Bundesliga, en ocho años, hito logrado la temporada pasada adelantándose un año de lo establecido originalmente.

El fútbol alemán se jacta de ser una liga que no está contaminada por el dinero de los jeques o dueños de países exóticos a diferencia de lo que ocurre en la Premier League en especial y la Serie A en menor medida. Por eso existe una prohibición de nombrar clubes con los de empresas. Mateschitz jugó astuto. Al saber que no podía colocar Red Bull Leipzig, como lo hizo con el equipo de Salzburgo o Nueva York, se le ocurrió poner RasenBallsport Leipzig. El Deportivo Balón en Césped de Leipzig. Lo importante no era el significado sino las siglas. Que se destaque el RB como la bebida. Analogía de un movimiento político local donde lo importante era la sigla del candidato antes que el verdadero honor colorado. Así el RB Leipzig saltaba el primer obstáculo. El apodo de Die roten Bullen (los toros rojos) tampoco sorprende.

Deportivamente le costó más. A pesar de lograr el título de la NOFV-Oberliga, quinta división, para el primer ascenso inmediatamente, la liga regional Nordost –cuarta categoría- le fue más compleja. Tuvo que pasar tres temporadas para conseguir la siguiente elevación no sin antes cambiar a gran parte de la gerencia deportiva original y el consuelo de haber logrado la Copa Sajonia para debutar en la Pokal, la Copa de Alemania. En ese ínterin, reservaron y se mudaron al tradicional Zentralstadion, allí donde Maxi Rodríguez había anotado uno de los mejores goles del Mundial que clasificó a Argentina a cuartos y eliminó a México de Lavolpe. Lógicamente con un nombre más apropiado al nuevo inquilino: Red Bull Arena. También llegó el antiguo entrenador del Schalke para asumir como director deportivo: Ralf Rangnick, el mismo que había liderado el proyecto Hoffenheim que comparte ciertas similitudes con el de RB.

Luego de obtener el título de la Nordost en su tercera temporada, vencieron la promoción al Sportfreunde Lotte para meterse en la Liga, tercera división. Para la temporada 13-14 contrataron a los mejores prospectos que se escapaban del ojo crítico de los poderosos de arriba. El más destacado fue Joshua Kimmich de las inferiores del Stuttgart que actualmente milita en el Bayern Munich y es jugador de selección y terminó siendo un fetiche para Pep Guardiola. Acabó segundo en su primera temporada en la Liga y consiguió el ascenso a la Bundesliga 2, la segunda división. Para dimensionar la meteórica subida del elenco de Leipzig, hasta entonces ningún equipo había logrado el ascenso en su primera temporada en esa categoría.

La Bundesliga era distinta. Manejada por la Liga Alemana de Fútbol (DFL), las dos principales divisiones del fútbol germano tiene como orgullo el lazo estrecho entre los hinchas, socios y el club. La DFL, consciente del poder emergente y el capital de Red Bull, acordó darle la licencia al RB Leipzig con tres condiciones. La primera, rediseñar el escudo o hacerlo menos explícito con la bebida energizante. La segunda, demostrar que la dirigencia era independiente a la empresa y la tercera, respetar la famosa ley 50+1 que significa que la mayoría debe radicar entre los socios a la hora de la toma de decisiones bajando las cuotas sociales que son diez veces más caras que las del Bayern. Se sabe que lo único que se modificó fue el escudo que sigue teniendo a dos toros en el logo. Doble apelación y ante la crítica de los hinchas rivales, la DFL tomó el mismo camino de la DFB. Luz verde para los toros rojos.

En contratación, se gastó más de 12 millones de Euros en el verano del 2014. Más que la mitad de la primera división, ni hablar de la segunda donde militaba el equipo. Malos resultados al inicio lo relegaron hasta el séptimo lugar. Más de diez millones durante el invierno, suma que superaba todo lo movido en la segunda división. Igual no le bastó para dar otro salto inmediato. Rompieron relación con el entrenador Alexander Zorniger con quien habían conseguido los ascensos previos. Contactaron con Thomas Tuchel quien dirigía al Mainz pero no prosperaron las conversaciones con el actual técnico del Borussia Dortmund. El propio manager terminó dirigiendo. Quinto puesto a ocho puntos de la zona de promoción.

Para la temporada 15-16 se prepararon con todo. Con la venta de Kimmich al Bayern, tenían más dinero de lo habitual y pagaron más de ocho millones de Euros por Davie Selke, una de las tantas promesas del fútbol germano, siendo la transferencia más cara de la división. El delantero que viene del Werder Bremen acaba de colgarse la medalla de plata en Río 2016. Se invirtió casi 19 millones en todos los fichajes, superior a lo que gastaron los otros 17 equipos juntos.

El bienestar deportivo contrastaba con la hostilidad de los rivales. “Equipo plástico” por la falta de tradición y abundancia de dinero era uno de los cánticos cuando iban de visitante. Hubo campañas para no viajar al Red Bull Arena y expresar el descontento por “contaminar” la Bundesliga. Los hinchas del FC Erzgebirge Aue desplegaron banderas comparando a Mateschitz con Adolf Hitler y a sus hinchas con los nazistas. Los del FC Heidenheim le tiraron billetes falsos de 100 dólares con la cara de Mateschitz y la leyenda “Creemos en el Capitalismo” y “Mierda al Red Bull” al bus de los jugadores. Con más humor lo tomaron los del Union Berlin. En la revista del partido, en la sección del equipo visitante, dedicaron toda la página explicando cómo se cria un toro.

El 8 de mayo de este año con una fecha por disputar, sellaron el ascenso a la Bundesliga con un triunfo ante Karlsruher SC 2-0 ante 43.000 hinchas quienes celebraban el retorno luego de décadas de la ciudad a la principal división. La región agradece el desembarco del capital fresco en una zona que no se ha recuperado luego de la caída del Muro de Berlín y que vuelve a experimentar fútbol de primera.

Luego del debut ante Hoffenheim donde rescataron un punto, en el primer partido de local, recibieron al Borussia Dortmund de Tuchel. Casa llena y victoria sobre la hora con gol de Keita. El sábado pasado golearon en la casa del Hamburgo. Escolta detrás del previsible Bayern y el sorpresivo Hertha. No falta el que vaticina que a mediano plazo será el rival que le pelee el impero a los de Munich. “No quiero tener 80 años cuando RB Leipzig sea campeón de la Bundesliga” fue el segundo plazo que se puso como meta el dueño de Red Bull. Quedan ocho años. Como cuando se propuso llegar a la división Top. El equipo más odiado por el resto de Alemania tiene alas.

   
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