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La noche de Cecilio

Desde el pitazo final en el Metropolitano de Techo, arreciaron, con justificación, las críticas hacia ciertas individualidades y el planteamiento e inacción del cuerpo técnico ya que el 0-2 fue un premio excesivo para un modesto equipo con chapa de último campeón.

Pero los apuntes y los lamentos no duraron demasiado. En el entorno sabían que por lo observado en la ida, la serie era perfectamente remontable y que pasaba por corregir errores puntuales y volver al equipo que de local mantuvo un patrón de juego. Las críticas fueron reemplazadas por el aliento y el entusiasmo empezó a reflejarse en la taquilla. Las postergaciones del torneo local evitaban distracciones y concentraban todo lo disponible a la vuelta. La dirigencia comprendió y alargó hasta el día previo los precios promocionales.

Con el ambiente armado, faltaba lo más importante; lo futbolístico. La línea de tres del rival invitaba a formar dupla de delanteros a pesar de la ausencia de Guillermo Beltrán. El retorno de Silvio Torales dejaba un solo puesto disponible: Cecilio o Josué. Gustavo Florentín se decidió por Domínguez por la experiencia, facilidad por jugar por izquierda y el perfil de uno más punta que mediapunta para potenciar a los delanteros. Además, jugarse por Colmán hubiera obligado a Torales a jugar como volante izquierda, algo que repercute en el rendimiento de Silvio. Y vaya acierto del DT.

La lesión en el calentamiento de Marcos Cáceres ofreció una peculiaridad. Tres zurdos en la defensa. Junior Alonso jugó en un perfil incómodo y cumplió para que entre Omar Alderete, quien ni siquiera ingresó al banco, en su bautismo continental y jugar por primera vez con Alvaro Pereira a quien lo sustituyó cuando éste estuvo suspendido en el plano local. La orientación natural hacia la izquierda naturalizó lo que era el plan de juego. Buscar la izquierda, la zona de Cecilio. La primera pelota larga de Riveros y Domínguez consiguió el primer córner en menos de diez segundos.

Un denominador común de los partidos de local de Cerro en esta Sudamericana es que tuvo inicios furiosos que empujaron a los rivales de turno. Anoche no fue la excepción. “Nos ganaron en actitud en el primer tiempo”, reconocía Gustavo Costas, técnico del Santa Fe. Pero la actitud precisa del juego, es este factor el que sostiene la fuerza de la localía. Raúl Cáceres jugó alto ya que Rojas sabe cuándo meterse para darle el pasillo. Marcos Riveros más cauto por la emergencia defensiva patrulló la zona de creación rival donde se movió más Jonathan Gómez que Omar Pérez. Torales supo cuando apoyar la subida de Pereira y cuando incursionar arriba. Excelente juego de Velásquez y un Ortigoza que no desentonó y a ráfagas recordó al nueve del año pasado.

"Un denominador común de los partidos de local de Cerro en esta Sudamericana es que tuvo inicios furiosos que empujaron a los rivales de turno".

— Daniel Chung

Un atento Cáceres recuperó el balón para ofrecer la segunda pelota a Ortigoza quien aguantó para el centro atrás, la inteligencia de quien sabe moverse como Velásquez en el área permitió que Roa derribe a Pablo para el penal. Cecilio ante los miles de flashes de los smartphones espantó cualquier recuerdo del penal de Leal ante Boca y anotó. Gol tempranero. Como ante Fénix y Real Potosí. Otra pelota recuperada por Cáceres obligó a la falta de Mosquera. La señal clara de Riveros a Velásquez y el 7 ganando a dos rivales para peinar y ofrecer un duelo peculiar: Cecilio contra Arboleda por arriba. Domínguez hizo todo el gesto desde el cuello hasta la cabeza para la paridad de la serie. El reloj no había dado diez vueltas. El centro de Velásquez terminó siendo disparo que la sacó el arquero Zapata y tuvo la excusa perfecta para demorar segundos. Era tiempo fuera porque Santa Fe no sabía qué lo había golpeado.

Los flashes buscaban al goleador Cecilio pero el trabajo defensivo que realizó el diez fue encomiable. Sabiendo que Arboleda fue el de mayor salida en Bogotá, las veces que se animó el carrilero derecho, lo siguió hasta el final. No es accidental que Cecilio haya sido el que más faltas (cuatro) cometió en Cerro, tres contra Arboleda. Tanto lo marcó que el banderín del córner fue el inicio de una contra maravillosa. Cecilio rechazó y la tocaron Ortigoza y Velásquez para que Rojas defina llegando del otro costado. Fueron 25 minutos fantásticos donde hubo movimientos a destacar. Los dos delanteros de Cerro no presionaron la salida –salvo cuando López se animaba demasiado- y fueron a tapar a Roa y Gordillo, los volantes. Eso obligaba a balones largos que tenían fácil recepción en el achique de líneas entre Riveros y los zagueros.

Cuando Santa Fe empezó a ganar las bandas con cierta frecuencia, Florentín mandó a Cecilio hacia la derecha también para refrescar zonas en la recta final del primer tiempo. Palito subió, pantalla de Torales, descarga con Ortigoza y la cesión a Domínguez. Cecilio se vistió de pasador con una pausa para darle aceleración a Cáceres y la devolución que le quedó largo a Cecilio pero ya estaba instalado el volante que mejor pisa el área rival. Control de zurda y definición de derecha de Silvio. Cierre justo y merecido porque fue un primer tiempo lleno de fútbol.

La complementaria fue un 4-4-2 con Cecilio por derecha, Rodrigo de centrocampista con Riveros y Torales por izquierda. La corrida de Ortigoza y la definición de Cecilio que pudo ser el gol de la tranquilidad fue el espejismo de una noche sin sufrimiento. Florentín decidió un cambio que quiso ser control pero terminó siendo aguante. Chelo por Torales hubiera preservado el dibujo y la idea. Sacar a Velásquez restaba peso arriba y aislaba a Ortigoza. Luego Costas metió a Plata y Pérez se retrasó y empezó a manejar los hilos del equipo desde campo propio. Faltaba demasiado para aguantar. Brazo abierto de Alderete ante el disparo de Plata y penal. El gol de visitante olía a fatalismo. Meter a Julio Villalba y Josué Colmán fue acto de desesperación. Pero la noche estaba preparada para él: Cecilio esperó paciente y sacó el tiro como quien desenfunda sabiendo que tiene la última bala del duelo. Dos botes para que se confíe Zapata quien soñará con ese arco sur del gol de Alonso en el semestre anterior y el de Domínguez al esperar para darle fuerza al rebote y fallar.

De tocar los cielos con un PT celestial a pasar al purgatorio con una complementaria cuestionable, Cerro llegó a coquetear con el infierno que se hubiera desatado con una eventual eliminación. Por eso el desahogo ya que el hattrick separó la línea entre despertarse alejado de un torneo local a estar entre los ocho mejores del certamen. Y Cecilio –en su noche consagratoria- cantó en la cancha.

  • Foto por : AFP
   
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