Ejempla Logo

  Negocios

Historias de crímenes

A través de nuestra campaña “Clorindeando”, meses atrás en Pro Desarrollo hemos tenido acceso a la opinión de muchos Paraguayos acerca del contrabando. Y hemos encontrando no pocas personas que lo defienden o justififcan.

Éste es nuestro punto de partida: cuando hablamos del contrabando, estamos hablando de un delito, de una conducta prohibida y penada por nuestras leyes. En tanto y en cuanto las disposiciones legales que prohíben el contrabando se mantuvieren vigentes, no hay un justificativo objetivo a un delito, ninguno de ellos. Ahora bien, si como sociedad deseamos despenalizar el comercio ilegal, quizás deberíamos solicitar que los legisladores deroguen las normativas que prohiben el contrabando. En tanto eso no suceda, estaremos defendiendo un ilícito.

Pero no hagamos abstracción y pensemos en un supuesto caso concreto: un hombre de 30 años, de recursos económicos limitados, se despierta todos los días preocupado acerca de cómo llegará hasta fin de mes para mantener a su esposa y dos hijos. Podría encontrar un trabajo en la industria de la construcción, trabajar como conductor de transporte público o privado o sacrificarse como lo hacen miles de compatriotas trabajando honestamente día tras día.

Sin embargo, en la mentalidad de esta persona - que lastimosamente cada día existen más en nuestra sociedad - esto implica muchas “vueltas”. Este hombre quiere resultados rápidos. Es por esto que compra un arma, su herramienta principal de trabajo, y sale a utilizarla ejerciendo intimidación e instalando miedo en mujeres jóvenes que se encuentran caminando solas por la calle, con el objetivo de presionarlas a que entreguen sus celulares y dinero (para los cuales trabajaron decente y honestamente). Esto no le importa al hombre. Con el tiempo, sus “habilidades” y “técnicas” mejorarán y quizás llegue a robar cajeros automáticos. Este hombre ha robado a esta mujeres, engañado al sistema, y estafado a las personas trabajadoras y honestas mediante prácticas deshonestas, injustas e inmorales. No obstante, por ello ha logrado escapar de la pobreza de corto plazo. Sus hijos ahora pueden ir al colegio y probablemente tengan un futuro mejor.

Consideremos, ahora, un día típico en la vida de un contrabandista, Jaime. Jaime, también, busca provecho inmediato para su bien ‘cortoplacista’. Cruza la frontera todos los días, compra kilos de productos que introduce al país evitando los controles aduaneros (las autoridades también tienen su rol criminal muchas veces) con el objetivo de no declarar la mercadería. Al no declarar, no paga impuestos a la importación (a diferencia de Juan, un distribuidor luchando para no quebrar, que sí paga impuestos porque sabe que es lo legal y lo correcto). Jaime luego vende sus productos -ingresados de contrabando- por el 50% del precio que habría podido ofertar si hubiese pagado los impuestos. Jaime de esta forma recibe Gs. 50.000.000 al mes gracias a sus actividades ilícitas e ilegales – 2.000% más del salario mínimo vigente (trabajadores “pobres”?). Su precio artificialmente bajo no incluye los costos de impuestos a la importación, IVA al vender (porque no contribuye al fisco, no tiene factura, no tiene patente comercial), como tampoco utiliza mano de obra formalmente contratada (que prevé el pago de seguridad social para sus trabajadores). 

Entretanto, nuestro amigo que practica hábitos comerciales legales, Juan, la está pasando mal por los precios no competitivos que su competidor Jaime está promocionando. Juan no puede ofrecer los mismos precios que Jaime el contrabandista porque, ademas de pagar los impuestos, Juan contrata y paga a un conductor local para transportar los productos que importa (la familia del conductor depende de este salario). Juan paga a un despachante de aduanas. Juan paga mensualmente el 10% de IVA a Hacienda por la venta de sus productos. Todas estas expensas legales y comerciales (que dan trabajo a terceros, que hacen circular a la economía, y que recauda ingresos para las arcas fiscales) hacen que sus propios costos se mantengan más elevados que los de Jaime, el contrabandista.

Meses después, Juan cierra su negocio porque simplemente ya no llega a los volúmenes mínimos de venta necesarios para mantener el negocio. El conductor pierde el trabajo, al igual que el despachante. Desempleado, con deudas de su antigua empresa, Juan logra ingresar a una compañía que importa y distribuye productos. Sin embargo, después de un tiempo, la compañía a su vez también desvincula a Juan (y a varios de sus colegas) porque también se ve golpeada en sus ventas por culpa de los precios artificial e ilegalmente bajos de los contrabandistas.

La empresa ademas tenía costos adicionales a los que tenía Juan – paga alquiler de oficina, contrata servicios de camiones y técnicos que instalan impresoras (dando de esta forma empleo digno y legal a trabajadores paraguayos), y paga el seguro médico de sus empleados. Y luego, para prevenir aún más despidos, la empresa corta gastos en otros rubros; suspende la construcción de una nueva ala de oficinas (de lo que dependía Nestor, el obrero, para poder pagar la escuela a su hijo este semestre), cancela el pago de cursos universitarios que daba a sus empleados, y recorta su presupuesto de marketing (restando de esta forma empleo a agencias de publicidad). Las consecuencias y efectos adversos, podemos seguir describiendo… pero como verán, no tienen límite.

¿Son tan diferentes los casos descriptos? ¿Acaso justificamos el robo? ¿Justificamos entonces la corrupción? Por supuesto que no. Estas conductas son delincuenciales y criminales y nos deberían indignar con todo derecho y propiedad. 

Y el contrabando (en todas sus formas: evasión, subvaloración, subdeclaración, etc,) debe entrar en esa misma bolsa. En todos los casos la sociedad ha sido engañada y estafada por personas deshonestas que recurren a métodos ilegales e ilícitos para sus ganancias personales. La sociedad es robada de sus recursos y oportunidades porque un delincuente (ladrón, político corrupto y/o contrabandista) encuentra un beneficio para sí mismo y nadie más.

Las personas pierden sus trabajos y el gobierno pierde ingresos fiscales (gracias a los cuales una alumna recién graduada podría ir becada al exterior, por ejemplo). Los únicos beneficiarios de estos crímenes son los propios delincuentes.

¿O hay otros que salen ganando?

Quizás uno de los motivos por los cuales justificamos el contrabando y no los asaltos, por ejemplo, es porque nosotros mismos participamos en los beneficios del delito e infracción aduanera que este constituye, al momento de comprar a precios mas bajos productos ingresados de contrabando (no podemos evitar el aroma del queso de Clorinda, o los sabores de sus vinos a mitad de precio, o la seducción de ser muy vivos por estar comprando a mitad de precio los artículos de limpieza, esa sensación nos hace irresistiblemente pillos)

Si bien estamos “gastando menos” (no olvidemos los conceptos legales que hacen aumentar los precios de los comerciantes legales), ¿nos hemos alguna vez detenido a considerar por qué estos productos son en verdad más baratos? Jaime no genera oportunidades de empleo legal y formal para terceros, pero quizás arrastre a su sobrino de 12 años (quien debe estar en el colegio) para que le “ayude” a transportar los productos. 

Con la misma lógica legal, democrática, justa y honesta que empleamos al repudiar el robo, la corrupción y el nepotismo, rechacemos el contrabando. En vez de proteger a los Jaimes, a los corruptos y a los ladrones, protejamos a los Juanes y a las personas honestas y trabajadoras que apuestan a lo legal (y lastimosamente en muchos casos “así les va”), y no a lo ilegal.

Si defendemos el contrabando, no nos quejemos de los ladrones. Si defendemos el contrabando, no nos quejemos de la corrupción.

  • Foto por : informaparaguay.com
  • Los co-autores del artículo son Camila Vaz y Sebastián Acha
   
  Más artículos en Negocios

¿Comprar productos de contrabando?

Debido a la baja cotización del peso argentino, los productos del vecino país se adquieren a precios irrisorios. Y allí se genera un debate que suele ir más allá de lo económico. ¿Es correcto adquirir productos de contrabando en detrimento de la producción nacional?

La noche mágica

El efecto que generó Edwin Cardona con su gol fue el nacimiento del equipo de los livianos. Pero con una obediencia sorpresiva que se adhirió a una explosión previsible.

Un viejo conocido

Se viene Argentina, un rival al cuál la Albirroja se había cansado de enfrentar el año pasado.

     
Entendé a tu mundo,
cada semana,
en tu inbox.

Una síntesis de los mejores artículos publicados.